La permacultura urbana se trata de una estrategia que engloba los principios de la permacultura (de las palabras agricultura y permanente o sostenible) junto a un campo de acción enfocado a la población y la interacción social de los hombres como individuos y su responsabilidad ecológica con el medio ambiente.

Las ciudades actuales requieren de recursos básicos para su desarrollo (energía, alimentos, agua, etc.), lo que sumado a un vertiginoso crecimiento de la población, trae como resultado escenarios contraproducentes para el medio ambiente (contaminación, derroche, producción desmedida, etc.). En este aspecto, la permacultura urbana se centra precisamente en promover nuevas soluciones, más sostenibles, que permitan el desarrollo responsable de la sociedad y su compromiso con el medio ambiente.

La permacultura urbana en acción

Aplicado al ámbito urbano, la permacultura busca evitar o limitar el consumo excesivo, ponderando la producción local por encima de los alimentos procesados, abogando por un método de transporte más ecológico (bicicletas, transporte público, desplazamiento a pie) y finalmente contribuyendo a una conciencia energética más sostenible, centradas principalmente en el uso de fuentes alternativas de energía y el reciclaje de los deshechos.

Otros ejemplos abarcan además la creación de huertos urbanos en nuestro propio hogar, de modo que podamos producir los alimentos que consumimos y poner en práctica nuevas formas de agricultura ecológica. Estos “huertos sostenibles” en casa también tienen una importante misión: promover la cultura ambiental y fomentar en las nuevas generaciones el respeto por la naturaleza.

Desarrollo sencillo y sostenible

Junto a los huertos en el hogar, donde podremos cultivar frutas, hierbas medicinales y plantas comestibles, la permacultura también aboga por la creación de jardines comunitarios, donde el hombre pueda integrarse a su comunidad y desarrollar la conciencia colectiva de la sustentabilidad. Parques en desuso, jardines, patios, cualquier pequeño rincón puede ser aprovechado para contribuir a una agricultura sostenible.

Además de lo anterior, podemos diseñar sistemas de recolección de agua de lluvia para aprovecharla en los cultivos, fomentar el uso de microclimas para el desarrollo de plantas que necesiten condiciones especiales (aprovechar la sombra que brindan los edificios o el espacio entre dos paredes contiguas) y finalmente, apostar por el compostaje a partir de los deshechos en nuestro hogar. Únete a la conciencia verde.

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