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JM

Villa CalA pocos minutos del centro de Villa General Belgrano, que brilla con su cuidada estética y sus canteros floridos, se levanta una veintena de casillas precarias de madera, con techos recubiertos de nailon y piso de tierra.

La localidad, que ostenta el perfil turístico de mayor categoría de Córdoba, también tiene su lado B: un cinturón de pobreza que no sale en la postal y con el que difícilmente se topen los turistas. En barrio Villa Cal, muchas viviendas no tienen luz ni agua corriente. La mayoría de sus vecinos son oriundos de Misiones, aunque también hay cordobeses y extranjeros.

María Cáceres (49) vive sola en una casilla prestada de dos por tres metros, sin cocina ni baño. Por una enfermedad crónica, no puede trabajar. “Tengo una pensión de 2.500 pesos mensuales y no me alcanza para alquilar algo mejor”, expone. Como sus vecinos, busca el agua en un tacho, en una canilla comunitaria, a varias cuadras. Afuera, una salamandra calienta el agua que utilizará para bañarse dentro de la habitación.

Rosana (29) trabaja en un hotel, y su pareja es albañil. Se mudaron a Villa Cal, con sus dos hijos pequeños, de la casa que habitaban hasta hace unos años cuando les dejó de alcanzar para pagar el alquiler.

El intendente Sergio Favot recordó que, a fines de la década de 1990, un asentamiento similar se formó con los empleados despedidos de una empresa forestal, que de a poco se logró urbanizar. “A mediados de 2015 volvió a darse una situación similar, con familias que tomaron una parte de Villa Cal y levantaron sus casitas de madera y nailon. Pero esta vez son trabajadores de hoteles y comercios los que habitan esas casillas. Es un fenómeno directamente vinculado a la incapacidad del sistema de generar viviendas sociales”, apuntó.

Fuente: La Voz del Interior


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